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El mantenimiento de las aplicaciones informáticas: el efecto “estela”.

Como mantuve en la anterior entrada, si me dan a elegir entre las aplicaciones creadas y desarrolladas por una administración pública y las creadas y desarrolladas por una empresa privada, me quedo con las de éstas.

Como dije, creo que una empresa privada tiene más talento e iniciativa para resolver mi necesidad de tecnología; además de más talento e iniciativa, una empresa está jugando con su dinero y el de sus accionistas y ese factor de motivación en el Sector Público no existe. Todos estos factores influyen directamente en el resultado y en mi satisfacción como cliente/usuario.

Pero no solo es la existencia de iniciativa, creatividad y talento en la creación y desarrollo de una aplicación informática, estos intangibles, las soluciones tecnológicas, son seres vivos que, una vez diseñados, deben ir creciendo y madurando, adaptándose a las nuevas necesidades y demandas de los usuarios y a las nuevas normas jurídicas que regulan la situación que con esa tecnología se gestiona. Cualquier aplicación informática precisará de una constante inversión de iniciativa, creatividad, talento y, por supuesto, recursos, en su posterior mantenimiento.

Comentaba Manuel Caño en la anterior entrada que: “… desarrollar software tiene un gran “tirón” en las organizaciones, pero no es el caso del mantenimiento. Nadie quiere mantener software. Solo se mantiene si hay un modelo de negocio detrás. Y solo es económico mantenerlo desde el punto de vista del comprador, si hay competencia. Y un software sin mantenimiento no tiene futuro. Y las administraciones tienen un futuro repleto de software…, hay que tratar de prever todo el ciclo de vida de las compras, y en el software el ciclo de vida debe incluir los 10 ó más años de mantenimiento que hay que soportar.”

Como usuario he sufrido, nunca disfrutado, de ese “mantenimiento” de aplicaciones informáticas, tanto de las aplicaciones propias como de las ajenas. Como gestor de contratación me ha tocado discutir con empresas de sector sobre conceptos jurídicos indeterminados (qué es una “actualización” y qué es una “nueva versión”), conceptos de muy difícil determinación una vez implantada una aplicación.

Como usuario de aplicaciones propiedad de empresas“he disfrutado” llamando al centro de soporte; escuchando, en continuas esperas, sintonías musicales; y buscando una contestación que cuando llega, llega tarde.

También he disfrutado con la Plataforma de contratación del Estado. Todos los que trabajamos con la contratación pública,“disfrutamos” cuando el último día antes de la entrada en vigor de la Ley 30/2007, apareció esta solución tecnológica y la Orden que aprobaba las instrucciones para operar en la Plataforma de Contratos del Estado y “seguimos disfrutando con su mantenimiento”, (recuerdo que el 9 de Febrero de 2011, como usuario de la Plataforma de Contratación del Estado, me llegó un correo anunciándome que se ofrecían nuevas prestaciones o funcionalidades.

Según decía el correo, las nuevas funcionalidades obedecían a la necesidad de cumplir lo previsto en la Ley 34/2010, de 5 de agosto. Es decir, 5 meses después a la entrada en vigor de la la Ley 34/2010.)

La Federación Española de Municipios y Provincial (la FEMP), al hilo de la Ley 11/2007, publicó la Guía práctica FEMP sobre la Ley 11/ 2007, de 22 de Junio de acceso electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos en la que afirmaba en su página 37 que:

“A finales de los años 70, los ayuntamientos comenzaron a plantearse la informatización de sus datos más importantes y de las operaciones críticas para su funcionamiento. El tratamiento manual de datos y operaciones requería cada vez más personal y la obtención de información agregada para apoyar la toma de decisiones era especialmente costosa.

En una primera fase de informatización, que llegaría hasta finales de los 80, se automatizaron los datos y operaciones directamente relacionados con la obtención de ingresos o con el control de los gastos. En este período, las aplicaciones estrella fueron las destinadas a gestionar el padrón municipal, la recaudación, la contabilidad y las nóminas. También aparecieron las primeras aplicaciones de registro general de entrada y salida.

En el mercado no existían proveedores especializados en el sector de la administración local, y los ayuntamientos optaron en un primer momento por el desarrollo propio en entornos centralizados.

Al final de esta primera fase, y a pesar del control que cada una de las aplicaciones daba sobre sus datos, y a los importantes ahorros obtenidos respecto a su tratamiento manual, la informatización afectaba únicamente algunas áreas y dentro de estas a unos pocos puestos de trabajo, y la mayor parte del trabajo administrativo seguía realizándose manualmente.

Los departamentos de informática que habían optado por el desarrollo propio, o crecían desmesuradamente o se paralizaban debido al “efecto estela” provocado por el mantenimiento de las aplicaciones desarrolladas Al mismo tiempo, aparecían en el mercado proveedores y aplicaciones especializadas.”

En el año 2013 el panorama es muy distinto, hay un gran número de proveedores privados con iniciativa, talento y recursos para crear y mantener las soluciones tecnológicas que se precisan para dar soporte a la administración electrónicas.

El Sector Público debe reconsiderar su relación con los proveedores de soluciones tecnológicas y pensar en ellos como aliados estratégicos en el reto de implantar con éxito la administración electrónica. Una vez se haya cambiado la mentalidad, se deberá de enfocar el problema en cómo materializar esa relación con esos aliados del Sector Público ante el reto de la implantación de la administración electrónica; en cómo contratar las soluciones tecnológicas y cómo prever cláusulas que aseguren un adecuado mantenimiento.

 

Abducidos por las tecnologías de la comunicación

Me contaba un buen amigo que una noche estaba sentado con sus dos hijas, ya más que adolescentes, viendo la televisión sin ningún atisbo de conversación familiar, una a cada uno de sus lados, manipulando ávidamente sus teléfonos móviles en silencio; cuando de repente una de ellas levanto la cabeza y dirigiéndose a su hermana le dijo: ¡Qué dices eso no pasó así. Atónito, mi amigo, comprendió que sus hijas parecían mantener una animada charla en un chat y les resultaba totalmente natural una tertulia en la red, casi preferible a hacerlo en persona y a comunicarse verbalmente.

Hace pocos días cuando regresaba de trabajar al llegar a la confluencia de dos calles tuve que esperar más de lo habitual a que cruzase ante mí un joven montado en bicicleta completamente distraído de lo que sucedía frente a él ya que pedaleaba absorto en su teléfono móvil mientras tecleaba con envidiable celeridad y no pude por menos que admirar la pericia ciclista del chateador ambulante. Una vez que hubo pasado el telefonista volante al terminar de atravesar la misma calle hube de extremar la precaución para que dos distraídas mujeres pudieran cruzar ante mí, una frente a la otra,  puesto que habían iniciado el cruce completamente abstraídas en conversaciones telefónicas por sus móviles sin reparar en que yo me acercaba al lugar por donde pretendían pasar; eso si mientras yo esperaba a que pasaran estuvieron a punto de chocar entre ellas como consecuencia de su ensimismamiento telefónico.

La ciudad autosuficiente, ¿utopía o realidad?

Finalizo la lectura del sorprendente libro La ciudad autosuficiente (RBA editores) de Vicente Guallart. De manera atractiva y directa, el autor consigue hacer participar al lector del nuevo concepto de ciudad que podría ir naciendo a raíz de la trascendental revolución tecnológica que sacude los cimientos de nuestra manera de vivir en el mundo de hoy. El autor afirma categórico que Internet ha cambiado nuestras vidas, pero no ha cambiado nuestras ciudades. Tras el Internet de los negocios y el Internet social emergerá el Internet de las cosas y, por extensión, el Internet de las ciudades.  Y este cambio no sólo significará interconexión de personas y sistemas, sino una nueva forma de diseñar y, sobre todo, de vivir en las ciudades.

¿Tenemos futuro los editores?

Cómo puede afectar la tecnología a las profesiones habituales. Un voto por una sana convivencia entre tecnología y costumbrismo.

¿Tenemos futuro los editores?

Un día sí y otro también escuchamos con resignación aquello de que el libro digital, el conocido como e-book, terminará enterrando al tradicional libro de papel. Si así ocurriera… ¿qué futuro tendríamos los editores?

Anticipo mi opinión. El libro papel convivirá mucho tiempo con el digital y no sólo por cuestiones románticas, de costumbre o educación, sino por una simple y determinante cuestión neurológica. Nuestra mente no funciona igual al leer sobre el papel que sobre la pantalla. Los circuitos neuronales le van a echar el salvavidas definitivo a los libros que algunos agoreros dieron por muertos.

Smart Cities o como avanzar a un mundo feliz

En este contexto de crisis económica surge lo “smart” como solución a casi todos nuestros problemas. Al parecer, nos encaminamos hacia un mundo smart, en el que todas las cosas que nos rodeen serán inteligentes y nos harán la vida mucho más cómoda y agradable. Es cuestión de tiempo. Los mejores centros de investigación de todo el mundo, junto con las grandes empresas de tecnología se afanan para que en un periodo de tiempo razonable habitemos en un entorno inteligente. O, al menos, en un entorno más inteligente que en el que ahora vivimos.

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Las ciudades del futuro siguen sin llegar al presente

Habilitados estatales y nuevas tecnologías (I). Nueva página web de COSITAL Valencia.

Se estrena su nueva web