Hace ya unos años ( entre 20 y 30) , fuimos convocados a Madrid por el INAP, una treintena de funcionarios ( Secretarios, Interventores y Tesoreros) de prácticamente todas las regiones de España ( ya no recuerdo si todavía estábamos de “Cuerpo Nacional” presente, o si ya éramos habilitados, o bien nacionales, o estatales,….o como quisieran llamarnos), y a modo de reuniones conventuales en la propia sede del Instituto, se formaron varias comisiones, ponencias, grupos de trabajo o mesas.., en las que por el Instituto convocante, se interesaba, se supone que nuestra “fundada opinión” , sobre cómo llevar a cabo la selección de los funcionarios encargados de asumir los puestos y funciones, que igualmente se suponían “reservadas”, en las Entidades Locales de toda España, a excepción de Navarra ( por tener funcionariado propio).
Archivo de la etiqueta: Estado
A vueltas con las funciones reservadas y su desempeño
Constitucionalmente suyo (Banania RACF).
Filatelia y Abogacía del Estado
La Resolución de 27 de abril de 2012 (BOE del 22 de mayo), firmada, como es habitual en esta materia, conjuntamente por los titulares de las Subsecretarías de Fomento y de Hacienda y Administraciones Públicas, anuncia la inminente emisión y puesta en circulación de tres series de sellos de correo denominadas «Pendones de León 2012», «Catedrales 2012» y «Cuerpo de Abogados del Estado 2012».
Un eslabón más, en suma, de esta larga cadena de estampaciones postales que se remonta, en España, al 1 de enero de 1850 cuando se copió el modelo británico que, diez años antes había oficializado el primer sello del mundo, conocido como el Penny Black de la Reina Victoria.
Es cierto que la filatelia vive horas bajas por muy diversos motivos. Cada vez se escribe menos y el pueblo soberano, en cualquier caso, ha optado, dada su inmediación, por los mensajitos cortos de móvil o por el correo electrónico. Por ello el sello sobra. Y las raras veces que acudimos a Correos, por ejemplo a certificar un envío, los funcionarios de la Sociedad Estatal –curiosa paradoja legal- ya no pegan artísticos efectos timbrados: colocan un papel autoadhesivo, le ponen la fecha con un tampón y nos dan un recibo.
Quedan, sí, los coleccionistas; también en peligro de extinción (y me incluyo en esta especie a proteger). Filatelistas, muchos de los cuales, de mediados de los años sesenta a finales de los ochenta del pasado siglo, creyeron que era cosa buena invertir en pliegos o grandes bloques de unas emisiones cuyas tiradas alcanzaron cifras de varios millones de efectos o incluso ilimitadas. Una ilusión vana, obviamente, que supuso apreciables ingresos al Estado y al Servicio Filatélico de Correos al que se abonó media humanidad.
De aquellos polvos –y de la insensatez comercial de algunos catálogos editados con el patrocinio de los vendedores privados-, vinieron los lodos de creer que toda estampilla se revalorizaba con el simple paso de unos años. Una de las mayores falsedades colectivas que ha circulado interesadamente entre las economías domésticas. Por recordar lo que es conocido de muchos, si en España se han emitido en más de siglo y medio unos cuatro mil setecientos sellos tipo, sólo se ha revalorizado sustancialmente un diez por ciento. Todos anteriores a 1964 (variedades y rarezas al margen) y procedentes de emisiones cortísimas. Pensar, pues, que puede revalorizarse una serie de ayer por la mañana, con una tirada literalmente tirada, porque no la absorbe ni de lejos el mercado ni la obligación tarifaria de la correspondencia, es creer en los Reyes Magos. O en el timo de la estampita que, más o menos fue lo que, en estafa piramidal, parece que hicieron AFINSA y Fórum Filatélico, a salvo, claro está, la presunción de inocencia. Porque inocente había que ser para creer en el futuro de una inversión así. El caso es que este último fraude asestó otro golpe casi letal al mundo de los sellos, metiendo en el mismo saco de la conciencia colectiva a los ejemplares de gran valor y a los que nos venden en los estancos con la efigie del Jefe del Estado. Que, según esas casas de inversiones en bienes tangibles, también se revalorizaban. Como si un tetra brick de vino peleón acabara, después de dos años guardado, convertido en un Vega-Sicilia.
El último palo a la filatelia, cómo no, ha venido de la mano de la crisis. Hoy en día los precios de salida en las subastas que aún subsisten en el sector, han bajado notablemente y los remates son, igualmente, auténticas gangas en muchos casos. Naturalmente, los stocks de sellos de las últimas décadas se licitan muy por debajo de su valor facial. Parecido a lo que decían los estafadores y se creyó tanto pequeño inversor de buena fe.
Pero vuelvo al comienzo. De las tres emisiones que se anuncian para las próximas semanas, destaco los 300.000 sellos (una cifra ya más realista) de 0,85 euros que, el día 18 de junio de 2012, se pondrán en circulación, dedicados al «Cuerpo de Abogados del Estado». En la estampilla aparecerá reproducido el Escudo “de este Cuerpo Especial de la Administración General del Estado creado por Real Decreto de 10 de marzo de 1881”, como bien recuerda la Resolución que autoriza su confección y puesta a la venta.
La pregunta es si dado el peso de los Abogados del Estado en el Gobierno y Administración actuales (quince sólo entre cargos superiores y directivos-altos cargos), el Ejecutivo que manda imprimir estos efectos a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre no se está dando un homenaje. Bromas aparte, lo cierto es que este prestigioso cuerpo ya vio cómo se emitía un sello conmemorativo del centenario de su creación en 1981. Por entonces la pieza valía 50 pesetas; de la misma se imprimieron diez millones de ejemplares (la mayoría andará por ahí) y representaba al rey Alfonso XII y a su reinante biznieto separados por el emblema del Cuerpo.
¿Qué por qué saco este tema a colación? Porque desde 2007 no son pocas las personas, algunas afectadas, que me han preguntado, como a muchos de ustedes, si ante el fraude manifiesto que se estaba perpetrando con pequeños inversionistas a costa de efectos originariamente públicos, la Fiscalía y la Abogacía del Estado no pudieron hacer nada por evitarlo, investigarlo o cortarlo. De momento, porque el tema judicial va a tener mil ramificaciones, lo que cortaremos de su pliego, son los sellos de esta emisión redundante.
Las grietas y sus peligros
Artículo escrito junto a Mercedes Fuertes (Catedrática de Derecho Administrativo en la Universidad de León y reconocida jurista)
Sabrán nuestros lectores que somos muy poco amigos de la promulgación apresurada de leyes y más leyes o de sus reformas continuas. Sin embargo, en este caso, creemos que la aparición de la ley orgánica 2/2012 de 27 de abril relativa a “la estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera” debe ser saludada positivamente.
Es verdad que su contenido no es enteramente nuevo pues ha habido en el pasado normas que se han ocupado de este mismo asunto. Sin necesidad de apurar mucho la memoria recordemos las leyes de diciembre de 2001 -con sus sucesivas modificaciones posteriores- y recordemos también que todas sus previsiones derivaban del Pacto de estabilidad y crecimiento que se firmó en Amsterdam en 1997 y que ha obligado desde entonces a todos los países miembros de la Unión Europea.
Sobre urgencias y errores…
Leo abrumado en el Boletín Oficial del Estado numero 116, de martes 15 de mayo 2012, en sus páginas 35.407 a 35.411, el inmenso error padecido en la publicación del Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. Y compruebo a continuación que en la edición electrónica del boletín oficial en la que se publicó la citada norma (el número 98, de 24 de abril de 2012) ni tan siquiera se hace referencia a la amplísima corrección de errores. Que cada cual se lo refunda como pueda porque lo cierto es que de la corrección de errores se derivan cambios sustanciales en la norma, algunos de los cuales, por cierto y según diversos medios de comunicación, surgen de reuniones con algunos de los sectores afectados.
Los porcentajes españoles
Vuelvo por el camino que anduve en el anterior post cuando me referí a la desorientación que, a mi juicio, producían los artículos sobre el tamaño de la deuda griega en términos del PIB, para aplicarlo a la realidad española. Creo que el asunto es oportuno, a la vista de la nueva tormenta que se ha desatado respecto a la deuda pública nacional, en la bolsa, y contra algunos de las principales compañías españolas. Sé que el tema es aburrido y prolijo, así que intentaré simplificar todo lo posible la exposición. Por último, como estas cuestiones se prestan al debate político e inmediatamente surgen los juicios de valor respecto de cualquier cifra, he manejado los datos medios de las principales partidas del presupuesto general del Estado en el período 2002 – 2011, con lo que además de dos gobiernos de diferente signo, se contemplan fases alcistas y bajistas del ciclo económico.
Cuantas más normas, peor
Llevamos unas semanas o mejor dicho unos meses, viendo cómo el Consejo de Ministros aprueba proyectos de leyes imposibles; no sé si para contentar a alguien, como gesto político o como evidencia de laboriosidad y cumplimiento de programa, porque lo cierto es que un Parlamento en trance de disolución no es el mejor receptor de esas iniciativas. En algún caso, a mi personal entender, por fortuna.
SOS: Ayuntamientos en quiebra. Nuevas recetas para el equilibrio.
Los ayuntamientos comienzan a lanzar su SOS desesperanzado. No tienen un duro en sus cuentas de ruina. En épocas de bonanza acometieron grandes inversiones, ampliaron plantillas y ofertaron nuevos servicios con la ilusoria confianza de que las vacas gordas durarían por los siglos de los siglos, amén. Llevamos cuatro años de crisis, y el Gobierno de España tuvo que someterse a una estricta cura de adelgazamiento que ahora debe recetar a autonomías y entidades locales. Las instituciones internacionales y europeas exigirán a nuestro país la paulina reducción del déficit, al tiempo que someterán a nuestras cuentas públicas a un riguroso control y seguimiento. Dado que nuestra estructura global del gasto se distribuye entre los diferentes niveles territoriales, es razonable que aquello que se le pueda exigir al Estado se le deba poder exigir también al resto de administraciones. No tendría ningún sentido que el déficit se descontrolara por la falta de voluntad o de la capacidad de gestión de algunas entidades territoriales. Es legítimo y necesario que existan instrumentos de control para garantizar, en todo caso, el cumplimiento de los límites presupuestarios comprometidos con el exterior y aprobados en las Cortes. Existe un interés general en el hecho de garantizar el rigor presupuestario de nuestros ayuntamientos, diputaciones y autonomías, por lo que debemos reforzar el control del gasto. Por tanto, además del establecimiento del límite legal del techo de gasto para cada ejercicio, debemos garantizar el suficiente poder a unos interventores y secretarios que deben disfrutar de la necesaria independencia de los responsables políticos locales como para poder garantizar eficazmente su función. Debemos repensar la conveniencia de que volvieran a ser cuerpos nacionales a todos los efectos.
Otra novedosa línea de trabajo es la de legislar sobre la responsabilidad de los consejos de gobierno y plenos, al igual que ya ocurre con las empresas. Los miembros de un consejo de administración deben responder ante la justicia con sus propios bienes en caso de gestión inadecuada o manifiestamente ilegal. De igual manera debe ocurrir con los responsables políticos, que no pueden, irresponsablemente, arruinar unas cuentas públicas con políticas manirrotas sin suficiente respaldo presupuestario. Debe enterrarse para siempre aquello tan repetido por algún responsable de la Federación española de Municipios de “Haz lo que debas, aunque debas lo que hagas”, que ha conducido al estado de absoluta ruina de tantas de nuestras instituciones.
Las ayudas de Papá-Estado ni están ni se les esperan. Cada ayuntamiento tendrá que abordar su problema en solitario. Existen políticas de ahorro que no conllevan grandes sacrificios, como la reducción de inversiones o de gastos corrientes, pero esta vía ya se encuentra casi agotada por estos dos últimos ejercicios de restricciones presupuestarias. Los ahorros deberán obtenerse de las partidas del capítulo I, personal, y del IV, transferencias, así como de las subvenciones a las empresas públicas dependientes. En aquellos ayuntamientos que deban acometer extinciones de contratos y nuevas reducciones de sueldos serán previsibles fuertes tensiones sociales. Los nuevos alcaldes y presidentes autonómicos no pueden limitarse al mantra de responsabilizar a los anteriores gestores del estado de las cuentas. Eso ya lo sabían los ciudadanos y por eso cambiaron su voto. Los regidores tendrán que actuar responsablemente hasta restablecer un razonable equilibrio financiero.
Otro capítulo novedoso que se podría abordar es el de la estructura de la negociación colectiva de los trabajadores municipales. Normalmente, en el ámbito público, los convenios son más generosos mientras más cercano sea su ámbito. Así, un policía local suele ganar más que uno autonómico y éste más que el nacional. Un funcionario municipal suele ganar más que el regional y éste que el nacional, como se suele advertir en las transferencias. Ese gradiente de condiciones es debido a la mayor capacidad de presión de los sindicatos sobre el poder a medida de que éste es más cercano, lo que origina que, en más ocasiones de las razonables, los convenios locales sean más elevados de lo recomendable y sostenible. Una posible solución sería la de elevar el ámbito de negociación al menos hasta el nivel provincial, o, mejor aún, a nivel autonómico, estableciendo distintos valores en función de la población municipal. Esta fórmula permitiría alejar el ámbito del conflicto de los negociadores, y así equilibrar unas fuerzas ahora en demasía inclinadas a favor de unos trabajadores municipales que, a la postre, tienen que ser pagados por el conjunto de los ciudadanos.
Pero el recorte de gasto será insuficiente para salvar la situación. Nuestros ayuntamientos precisarán subir impuestos si quieren cuadrar cuentas y esta subida drenará aún más el escaso consumo en nuestras localidades. En consecuencia, si se quiere reactivar la economía, estas subidas deberán ser lo más reducidas posibles.
También existen otras vías de generar nuevos ingresos, como la de la explotación de los ingentes recursos municipales. Existen grandes oportunidades de colaboración público-privada, donde está casi todo por hacer. Existen experiencias muy interesantes en otros países de las que podríamos aprender.
Algunas voces consideran que la necesidad de fondos de nuestras instituciones es tan elevada, que no tendrán más remedio que acometer políticas similares a las famosas desamortizaciones del XIX, que permitieron el nacimiento del estado liberal. Las privatizaciones de empresas públicas ha sido una vía muy utilizada por el Estado en estos últimos años; recordemos el caso de Telefónica o Endesa o los de Loterías y AENA en la actualidad. También las entidades territoriales pueden beneficiarse de alguna privatización, o de venta o alquiler de su espectacular patrimonio, en su mayor parte ocioso.
En resumen, tanto para las partidas de gasto como por la de ingresos existen fórmulas novedosas para explorar. Los gestores y profesionales municipales tendrán que realizar un enorme esfuerzo de innovación e imaginación para superar el enorme reto que suponen unos ayuntamientos cercanos a la quiebra.






12 votaciones




URL del feed
