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Responsabilidad contable (I)

Explicar a una colega extranjera cómo hemos llegado a la grave situación económica en España no me ha resultado nada fácil. (Tampoco estoy segura de haberlo conseguido). Joven jurista, y probablemente por ello algo ingenua, inició su conversación dándome a entender su conocimiento de la política española con la noticia de que el nuevo Gobierno había prometido una reforma legal para garantizar la transparencia y responsabilidad de las autoridades públicas. Es cierto que esos dos principios son los más elementales e imprescindibles para considerar que es posible garantizar una mínima corrección en la acción pública. Pero no es suficiente su solemne reiteración, si reproduce un nuevo falsete en la comedia que tantos representan con imposturas de seriedad.

Contamos ya en España con bastantes leyes que recuerdan los deberes de información de las cuentas públicas o de las obligaciones que suscriben las Administraciones al celebrar los contratos. ¿Se cumplen esas mínimas normas de información? Basta leer los sucesivos Informes del Tribunal de Cuentas sobre el sector público donde se reproducen un año y otro también los lamentos por la falta de remisión de datos de muchas Administraciones públicas a ese relevante órgano constitucional. Es cierto que necesitamos una Ley de transparencia. Prácticamente todos los países occidentales, en los que se presume de un buen Estado de derecho y de la defensa de los derechos de los ciudadanos, cuentan con ella. Pero el texto presentado por el Gobierno peca de pusilánime. Lo prueban las múltiples enmiendas que han presentado los grupos políticos. Seguiremos su tramitación con interés. 

¿Y qué decir de la exigencia de responsabilidad? Pues también contamos ya con algunas leyes que desde hace años tratan de proteger la integridad de los caudales públicos y perseguir a quien cause daño a los mismos. Quienes hemos tenido que preparar una oposición para tratar de acceder a la función pública, hemos estudiado y repetido en voz alta muchas normas que insisten en la dación de cuentas, en la fiscalización, en los juicios por alcance, en las diferencias con la malversación, en la ilegalidad de comprometer pagos no presupuestados, en la falta de justificación de las inversiones, en la distracción de subvenciones y ayudas públicas, y una retahíla de conductas que se consideran infracciones a la gestión económica y presupuestaria… El proyecto de ley de transparencia y buen gobierno acoge también preceptos para delimitar infracciones a la buena gestión pública, derecho como sabemos consagrado en la Carta de derechos de la Unión europea, pero algunas son nuevas repeticiones de infracciones ya conocidas.

La conversación con esta jurista amiga continuó porque para avanzar en la investigación que está realizando de Derecho comparado quería saber qué es lo que frustra una eficaz gestión ante tanta densidad de normas.

Entre otras cosas, le traté de explicar, están fallando los controles. Por un lado, andan escasos los Tribunales de Cuentas, tanto el estatal como los autonómicos, de suficientes funcionarios para llevar con más agilidad tanta fiscalización como tienen encomendada. Le enseñé la información que facilita el propio Tribunal de Cuentas sobre sus sentencias, ciertamente pocas para quienes conocemos la grave situación de tanto organismo público. Y lo que es peor, con una decisión que se aleja mucho en el tiempo de los hechos que la originaron. Es cierto que no están todas, porque, por ejemplo, en la provincia donde nos encontramos, se ha conocido en estos últimos días una liquidación tras un procedimiento de alcance de más de tres millones de euros por el desorden y falta de contabilidad del anterior alcalde. Quien sigue, por cierto, como concejal.

Por otro, le dije con cierta suavidad, hay que anotar las presiones de algunos responsables políticos sobre los funcionarios de habilitación nacional, secretarios, interventores y tesoreros. A pesar del rigor que muestran estos funcionarios en su trabajo, y de la ayuda de los programas informáticos que tan indispensables son a la hora de la llevanza de cuentas, padecen en ocasiones cierta presión de alguna autoridad, quien está más preocupada de consolidar su influencia territorial e imponer su arbitrario criterio que de garantizar el correcto cumplimiento de la ley. Tengo algunas noticias de situaciones conflictivas, de ceses en los puestos claves de control, así como de alguna sentencia en la que se muestra la persecución contra una buena funcionaria… Pero preferí no darle más datos hasta no contar con la correspondiente resolución. Quedó esta profesora en que estudiaría la jurisprudencia del Tribunal de Cuentas que le había facilitado y que discutiríamos situaciones para comparar los regímenes jurídicos europeos.

Parece mentira que después de tantos años tengamos que seguir insistiendo en la responsabilidad contable de las autoridades.

Constitucionalmente suyo (Banania RACF).

El siempre divertido e ilustrativo BOE nos deleita el 21 de septiembre con una primera parte en Disposiciones Generales  en la que se anuncian diversos recursos de inconstitucionalidad. Y si se entra en el enunciado y poco más, uno cree vivir en Banania (República Asimétrica Cuasifederal). Veamos.

El país de las maravillas

“-Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.

-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.

-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.”

Esta conversación de “Alicia en el País de Las Maravillas” parece una metáfora del momento que vivimos en este país, y en particular en nuestra querida Administración Local. Todos parecemos coincidir en la necesidad de transformarla pero, como Alicia, nos preguntamos por el camino a escoger. Y es que la reforma de la Administración Local ha sido el cuento de nunca acabar. De hecho, en las dos últimas décadas, las referencias a la “segunda descentralización” han sido constantes y el Pacto Local de 1998, la reforma de la Ley de Bases en 2003, con la destacada aparición del régimen especial de municipios de gran población constituyeron hitos importantes. Con posterioridad, el Libro Blanco (2005) fue el antecedente de un fallido intento de “Ley del Gobierno y la Administración Local”, condenado desde sus inicios por la irrupción de una crisis que bloquearía la otra gran cuestión pendiente, la de su financiación.

¿Suprimir municipios? No es eso, no es eso…

Cuando se impone la salvación económica ante los grandes progresos y aciertos

¿Suprimir municipios? No es eso, no es eso…

Uno de los elementos fundamentales del actual periodo constitucional español, sin duda el más estable y fructífero de la historia constitucional española, ha sido el principio de autonomía. Permitió construir los nuevos entes políticos creados a finales de los setenta y principios de los ochenta, las Comunidades y se implantó, con bríos crecientes, en el ámbito local, el más cercano al ciudadano, convertido en vecino.

Según el FMI

No pasa ningún día sin que algún nuevo comunicado de importantes organismos internacionales nos sorprenda hablando de las pésimas perspectivas de nuestra economía; así, recientemente ha sido el Fondo Monetario Internacional el que ha hablado de la posible evolución del PIB y demás “sospechosos habituales” en los dos próximos años. Como viene sucediendo siempre, su comentario ha generado el revuelo de costumbre, la disputa de cifras habitual, y las polémicas de signo político ya clásicas.

Retribuciones locales y austeridad gastronómica

No faltarán opiniones, siempre más autorizadas que la mía (aunque en esto haya sido cocinero y fraile) sobre la apuesta, reiterada en sede parlamentaria, del Presidente del Gobierno, de homologar las retribuciones de los cargos electos locales, a fin de acabar con un cierto despilfarro y con disparidades inexplicables y agravios comparativos. Incluso se han anticipado como criterios igualadores la población municipal y los recursos económicos de cada Ayuntamiento, a los que yo me atrevería a añadir el número de núcleos poblados del término.

A segunda división…B

No pasa ninguna semana sin que la prensa nos sorprenda con una mala noticia sobre la calificación de la deuda de España según las diferentes agencias internacionales, y, por desgracia, cada una es peor que la anterior; casi todas han seguido un proceso parecido: revisar el “rating”, rebajarlo un escalón diciendo que la perspectiva es negativa, bajarlo nuevamente, y así un trimestre tras otro.