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Préstamos al ralentí

Entre las variables de la economía que están mostrando una tendencia de deterioro menos acusado, por no decir de mejoría, destaca el endeudamiento del sector público, ya sea medido en términos de préstamos con el sector financiero, o según los datos que proporciona la contabilidad nacional en el contexto del programa de (corrección) del déficit excesivo.

El boletín estadístico del Banco de España de Diciembre, último disponible, contiene datos muy útiles para entender la evolución de estas magnitudes. Así, por ejemplo, sobresale la tendencia que ha seguido la inversión crediticia del sector financiero a organismos de la administración pública, término que incluye todos los niveles de la administración: central, comunidades autónomas y entidades locales.

Partiendo de Diciembre de 2007 que, como tantas otras medidas supuso el último momento bueno previo a la crisis (como sabe, la tormenta empezó antes, pero la inercia de la economía mantuvo en pie muchos registros, en algún caso hasta mediados de 2008), el sector público debía a las entidades financieras nacionales 43.000 M €, de los cuales el 90% era a entidades de depósito, el 8% a establecimientos financieros de crédito y el 2% restante al ICO.

A pesar de la crisis, las diferentes administraciones públicas continuaron demandando crédito al  sistema financiero y éste lo concedió hasta un saldo máximo de 93.100 M € en Abril del año pasado (distribución: 85% entidades, 1% establecimientos, 7% ICO); es decir, durante esos cuatro años y medio de crisis prácticamente se duplicó la deuda de las administraciones. Ahora se podría comentar si ésa era la evolución más razonable o, si en un contexto de exigencia de reducción del déficit en general, hubiera sido preferible disminuir la apelación al crédito ajustando los gastos; pero como suelo decir, nos adentraríamos en un terreno poco objetivo que sólo generaría debate de ideas. El hecho cierto es que entre Diciembre de 2007 y Abril de 2012 la deuda financiera de las administraciones se duplicó.

En Febrero del año pasado se tomó una decisión que, a mi juicio, no ha sido suficientemente comentada, al poner  en marcha el “mecanismo de financiación para el pago a proveedores de entidades locales y de comunidades autónomas”, con el objetivo de pagar a los proveedores de productos y servicios a esos entes las facturas que tenían pendientes de cobro por trabajos o ventas realizadas años antes. Quien haya estado próximo a  ese tipo de empresas posiblemente recordará el balón de oxígeno que supuso para una parte importante del tejido empresarial el hecho de que el deudor, las administraciones públicas, pagasen unas facturas que muchos daban por perdidas desde hacía años.

En apenas dos meses el sector financiero aportó a las administraciones, ayuntamientos y comunidades, unos 26.000 M € en un proceso que, visto desde fuera, puso de manifiesto la excelente capacidad técnica de las entidades participantes y de los profesionales de la Administración, superando las expectativas más optimistas. Haciendo unos cálculos muy simples con los datos agregados del proceso que se publicaron, se deduce que los entes locales pagaron 1.717.000 facturas pendientes, de un importe medio de 5.400 €; y las comunidades autónomas 3.960.000 facturas de unos 3.200 € aproximadamente. En ambos casos, y asumiendo los errores de esas medias simples, nos podemos hacer una idea del tipo de proveedor que estaba pendiente del cobro; por desgracia, para algunas empresas y muchos empleados o autónomos la medida llegó tarde.

El impacto del programa de pago a proveedores en las cifras del sector se concreta en que el total de préstamos y créditos a la administración pública en Julio ascendió a 123.800 M € (distribución: 85% entidades, 1% establecimientos, 14% ICO), que constituyó el máximo de la serie; desde entonces, el saldo ha ido disminuyendo cada mes, hasta los 119.000 M € de Noviembre pasado.

Para entender mejor el aspecto positivo que, en mi opinión, tiene esa bajada del saldo convendría destacar que el total incluye los 26.000 M € procedentes de los bancos y cajas adheridos al mecanismo  que llegaron directamente a los proveedores con facturas reconocidas y pendientes de cobro; descontando este efecto, el saldo neto se habría mantenido estable en  93.000 M €; y si además se descuenta el esfuerzo adicional del ICO dirigido al sector (que le ha llevado a alcanzar una cuota del 14% del saldo total), la deuda actual de las administraciones con el  conjunto de entidades de crédito habría disminuido  2.500 M €.

Se me ocurren dos posibles razones que expliquen esa tendencia: por un lado, la dificultad del sector financiero para aportar nuevos fondos a la economía real mientras continua su propia reestructuración, idea que no hay que descartar del todo; y por otro lado, las medidas de control de gastos de las administraciones que reducen su necesidad de nuevos fondos. Porque no quiero ni imaginarme que se haya repetido la práctica de guardar en cajones otros millones de facturas no contabilizadas y porque espero que los mecanismos de control interno de las administraciones habrán recuperado el papel que nunca debieron perder en manos de los políticos; o al menos, así lo deseo.

¿Municipios sin deudas?

Las dificultades financieras de los ayuntamientos son tratadas de forma recurrente por quienes nos damos cita con nuestra pluma en este blog. Se trata de un problema que se observa desde ángulos muy diversos: el de la reforma de las haciendas locales y la revisión del sistema impositivo que los municipios padecen, el del urbanismo como fuente de financiación, el de la carga que los entes locales deben soportar como consecuencia de la prestación de servicios que en puridad no les corresponden etc … Yo mismo me he pronunciado sobre estos asuntos en más de una ocasión.

La increíble y triste historia de la cándida …

El pasado viernes tuve la oportunidad de compartir con algunos compañeros de municipios de menos de 20 mil habitantes el análisis de algunas macromagnitudes de Contabilidad Nacional, coincidiendo con al presentación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado del próximo ejercicio (PPGG’13) y con la publicación del boletín estadístico del Banco de España del segundo trimestre de este año; gracias a la amable invitación de la Diputación de Zaragoza para impartir una clase sobre la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera (LGEPySF) en un curso de formación continua del programa descentralizado del INAP.

Órdago. Y a ver qué pasa.

Como un blog no deja de ser una bitácora o cuaderno de viaje, un relato del acontecer diario, relataré que recibo mail de la Diputación Provincial, quien amablemente tiene a bien informar a los Ayuntamientos de la demarcación a través de los FHE, de las diversas novedades normativas que nuestro complejo y descentralizado sistema se complace en regalarnos cada mañana. Y como quien no quiere la cosa, se dice (casi parece un parte de guerra):

Las grietas y sus peligros

Artículo escrito junto a Mercedes Fuertes (Catedrática de Derecho Administrativo en la Universidad de León y reconocida jurista)

Sabrán nuestros lectores que somos muy poco amigos de la promulgación apresurada de leyes y más leyes o de sus reformas continuas. Sin embargo, en este caso, creemos que la aparición de la ley orgánica 2/2012 de 27 de abril relativa a “la estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera” debe ser saludada positivamente.

Es verdad que su contenido no es enteramente nuevo pues ha habido en el pasado normas que se han ocupado de este mismo asunto. Sin necesidad de apurar mucho la memoria recordemos las leyes de diciembre de 2001 -con sus sucesivas modificaciones posteriores- y recordemos también que todas sus previsiones derivaban del Pacto de estabilidad y crecimiento que se firmó en Amsterdam en 1997 y que ha obligado desde entonces a todos los países miembros de la Unión Europea.

Presupuesto base cero, notas de prensa y Estado autonómico

Siempre he pensado que los números, siendo manipulables (la economía nos enseña mucho sobre esto), lo son mucho menos que las ideas. Quizá por eso andaba yo analizando, pobre de mí, el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2012, comparando con la Ley presupuestaria de 2011 cuando una nota de prensa se cruzó en mi camino. Es una nota que merece la pena guardar y, probablemente, será citada en el futuro entre los grandes errores de la comunicación política (como demuestra el rápido cambio de actitud de sus protagonistas al día siguiente). Recortar, o ajustar o ahorrar, que cada cual lo llame como quiera para no herir susceptibilidad alguna, 10.000 millones de euros del presupuesto de otros mediante nota de prensa pocos días después de lanzar el proyecto presupuestario propio no es algo que se haga todos los días. Cuando ni tan siquiera se había iniciado formalmente el debate parlamentario acerca del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2012 y de nuevo, tratando de responder a la interesada percepción que los evanescentes mercados tienen de la economía española, el Gobierno de España anuncia, primero en medios de comunicación extranjeros, luego mediante nota de prensa y, finalmente, en la sesión de control al Gobierno en el Parlamento, nuevas reformas cuyo alcance, por lo demás, no concreta hasta debatirlas con quienes tienen que llevarlas a la práctica e incorporarlas en sus presupuestos, las Comunidades Autónomas.

El efecto Gioconda

Los europeos no nos comprenden, lloramos afligidos. No nos quieren, nos desprecian, no valoran nuestros esfuerzos; escuchamos a nuestro alrededor. Y, entonces, en busca de la verdadera sabiduría, recurrimos a los clásicos para desenmarañar la madeja de nuestras dudas. ¿Tan malos somos, de verdad?La Gioconda, y su émula española recién descubierta en el Prado, nos miran desde la sonrisa de su enigma. ¿Quién es ella? – nos interrogamos – ¿Por qué sonríe? El espejo magistral de su pintura nos devuelve con la artimaña de la desazón la pregunta esencial: ¿Cómo somos, en realidad? ¿Cómo nos vemos o cómo nos ven? Si usted es de los que piensan que esos interrogantes arrojan idéntica respuesta, quizás estas líneas desmientan su creencia. No sabemos bien quiénes somos, pero, desde luego, el cómo somos y el cómo nos ven arrojan realidades tan  completamente diferentes que pareciera que de dos seres distintos se tratara. ¿Quién es más real, entonces? ¿El cómo nos vemos o el cómo nos ven?

Tenue protección de deudores hipotecarios bajo el umbral de exclusión

Vivimos tiempos de Real Decreto-ley, un instrumento normativo que, como demuestra nuestra historia reciente, adquiere gran protagonismo cuando las circunstancias económicos son adversas. No es lugar ni momento para glosar aquí las críticas habitualmente formuladas contra tal forma de legislar, que minimiza los procedimientos y lamina en gran medida el papel del Parlamento, pese al trámite de convalidación o, incluso, a su posterior tramitación como proyectos de ley. Pero no conviene olvidar que, en el marasmo económico en que andamos en vuelto, como ha ocurrido en otras ocasiones, también las reglas habituales del sistema democrático para la producción de normas legales resultan seriamente afectadas.