En lo que respecta a las políticas urbanas y a las reformas del sector inmobiliario es en materia de rehabilitación y fiscalidad de la vivienda donde pueden percibirse las mayores novedades, el potente ánimo transformador, del anteproyecto de ley de economía sostenible. No voy a abundar en el análisis de la situación en la que nos encontramos, ni en su origen o las diferencias con otras anteriores. Sí quiero traer a colación, sin embargo, una reflexión ajena sobre el origen de la crisis del sector financiero, muy atinada a mi juicio pero que, en cierto modo, me ha sorprendido leer. Es de José Luis Aguirre Loaso, actual director general de Ibercaja (Heraldo de Aragón, 6 de diciembre de 2009, página 27), quien bajo el título “Renacer del sistema financiero” afirma que “los problemas no vienen de un bache pasajero, sino que evidencian el agotamiento del modelo. Algunos sectores han vivido al margen de regulaciones”. Y ello porque “los rasgos tradicionales del negocio bancario se habían difuminado. El crecimiento de los volúmenes se imponía sobre el análisis de la rentabilidad de las operaciones y la prudencia en la calibración del riesgo. La comercialización de productos estandarizados imperaba frente a la individualización y adaptación a las necesidades individuales de las ofertas. El conocimiento del historial crediticio y la vinculación del prestatario con la entidad quedaban relegados a un segundo plano ante la ambición por ganar cuota de mercado y arrebatar clientes a la competencia. El alargamiento de los plazos de amortización y los bajos tipos de interés convertían en aceptables operaciones de cuestionable viabilidad intrínseca”.
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